• 'De profesión político'

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    11/07/2018 - 21:47  

    Artículo de opinión de Lidia Mejías para El Mostrador de Ezequiel López

    Ahora que estamos a punto de descansar por el período vacacional, algunos ya en ello, y teniendo claro que estamos  en  el tiempo de descuento para las elecciones y las propuestas electorales en forma de listas y de programas de cada uno de los partidos políticos, quiero hacer una reflexión en alto  de lo que considero que sería lo mejor para los ciudadanía canaria.

    Representantes pasados y actuales, han venido para quedarse, olvidando las profesiones por las que estudiaron, se formaron o en todo caso trabajaron y se hicieron profesionales, y les supondría un verdadero shock volver a sus antiguas ocupaciones porque en la mayoría de los casos supera una década su estancia en los cargos públicos de las distintas administraciones.

    Para algunos es fácil, son líderes/lideresas o presidentes/presidentas de sus respectivos partidos y mantienen económicamente el “cortijo” o “empresa”, pero para otros, aquellos que se ven sometidos a la presión de ser seleccionados cada cuatro años ante su imposibilidad de retorno al mercado laboral es de lo más traumático. Tienen que ganarse el puesto, con adulaciones personales, fotos por doquier para demostrar el número de votos que representan o que pueden aportar al proyecto político y lo que es más grave, son capaces de ir a los medios de comunicación a pelearse con quien sea para defender sin argumentos aquello que ni el mismo se cree, en algunas ocasiones con insultos personales al adversario, sin ningún tipo de ética personal y moral.

    En el fondo hay que tenerles pena. Acomodado a un sueldo que en la mayoría no corresponde a sus estudios o categoría profesional. Es el partido político como agencia de empleo. Expresión política que se aleja de sus fines fundacionales. Es muy triste.

    Luego está el lado humano, el de sentirse utilizados por una organización determinados años, por su trabajo, trayectoria, formación acumulada de gestión pública que se ven esfumados al albur del interés o de lo que han “criticado” por el maltrato de tu propia organización, a lo que entienden que ha sido su buen hacer. Eso no es válido en las organizaciones políticas, pesan más otras cosas, las filias y las fobias, los grupos y los amigos, los palmeros y los críticos, y dependiendo de quién decide, el mantener el  “status” de candidato/a en los primeros puestos. Eso es lo realmente complicado, superar el “luto” de no gozar con la estima de la persona que se ha apoyado hasta ahora y los cuales no son lo suficientemente honestos de ir de frente con sus propios compañeros en el salón de plenos y comunicar la decisión con anterioridad a la creación de las listas electorales, para que sean un concejal/a o cargo electo-público “dócil” todo el tiempo que se pueda, aunque curiosamente les lleve a un “autoengaño” y de espera hasta el final.

    Las listas electorales no deben están integradas por personas que no sean autosuficientes económicamente, dependientes de ayudas, miserias y lo más peligroso, que dependan de la política para sobrevivir. Que tengan sus puestos de trabajos dignos, personas preparadas (que no necesariamente tituladas) y sobre todo… buenas personas con vocación de servicio demostrada,  de paso, con fecha de caducidad en su paso por lo público, sin renunciar a su profesión o carrera. Así tendríamos los representantes que nos merecemos sin ningún tipo de atadura, sólo intentarían resolver de la mejor manera los problemas de los ciudadanos y ciudadanas, sin intereses partidarios y sin la mirada puesta en las próximas elecciones.

    Y como decía el político italiano Giulio Andreotti: “En la vida hay amigos íntimos, conocidos, adversarios, enemigos, enemigos mortales y... compañeros de partido”.

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