• Cataluña: Los ricos siempre lloran

    Eugenio A. Rodríguez

    Jueves, 05 de Octubre de 2017 - 16:06

    ¿Y Cataluña qué? Pues algo viejo: los ricos siempre lloran. El cacique (y también su mujer) decía que no le quedaba más remedio que pagar mal porque tenía necesidades superiores propias de su clase.

    Los industriales de finales del XIX no aludían tanto a su clase como a las posibilidades de la empresa.

    El banquero no podía pagar mejor al botones porque tenía grandes inversiones que afrontar.

    El rico nunca lleva nada suelto (y es verdad, lo lleva junto). Total: Los ricos siempre lloran; más aún si se juntan.

    Cuando el desastre del Titanic no se salvaron más las mujeres y los niños sino los más ricos, los de primera clase.

    En el relato evangélico Epulón quería que Lázaro le siguiera sirviendo el agua después de muerto. En la novela Los santos inocentes el cazador rico defiende con vehemencia que tiene derecho a que le sirva el jornalero herido durante la caza... Pasa en todas las esquinas.

    El rico es Cataluña. Van deprisa porque van a hombros de gente fornida. Tienen más y por eso se quejan. Quieren comer aparte porque quieren comer más. Este estilo se manifiesta más en tiempos de escasez. Las ratas -se dice- son las primeras en abandonar el barco. Los nacionalismos crecen todos en tiempos de "vacas flacas"; el catalán y el vasco nacen en torno a la crisis de 1898, la pérdida de las colonias, cuando ser español es mal negocio.

    Cataluña no quiere realmente independizarse, es como el niño llorón: solo quiere más. No quieren irse, amenazan chantajeando. No se va si le tocan las tajadas: las Olimpiadas, el Congreso Eucarístico, la Exposición universal... No le ponen pegas ni al deporte, ni a la religión, ni a nada... que beneficie los negocios.

    Y sin embargo en Cataluña también hay pobres. Informes rigurosos molestaron a Artur Mas por afirmar que en Cataluña hay hambre.

    El AVE se lleva el dinero que no se gasta en Cercanías. Pero los señores del AVE han sido hábiles manejando los medios de intoxicación social, verdadero opio del pueblo, y han sido capaces de convencer a parte del pueblo de que el problema no son los caciques sino los del pueblo de al lado.

    Y luego está la cuestión del lenguaje. Cuando los ricos se quejan no deben llamarlo rebelión porque el grito del explotador no es rebelión sino prepotencia. El paro decretado por la patronal no es huelga sino chantaje, como cuando los controladores del espacio aéreo chantajearon a toda España y hasta Zapatero abandonó la pose progre y entendió que debía intervenir el Ejército.

    Los pobres siempre han sufrido en Cataluña. La oligarquía catalana hizo sufrir -por ejemplo- al catalán Rovirosa y al catalán Salvador Seguí. Y así siguen: la oligarquía catalana seguirá intoxicando al pueblo y persiguiendo a cada catalán pobre que quiera amar.

     


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