• Eternamente gracias, Antonio Mª González Padrón.

    Guadalupe Santana Suárez

    Sábado, 30 de Diciembre de 2017 - 22:07

    Según cita Jaime Atria, publicista: “Quien trabaja en lo que le gusta, cada día se levanta a disfrutar una pasión”.

    Esa pasión es la que ha vivido durante 38 años el Director de La Casa Museo León y Castillo, D. Antonio Mª González Padrón y es lo que hemos sentido cada una de las personas que hemos tenido la gran suerte de acercarnos a esa, su casa, que hizo nuestra en muchas ocasiones.

    El compromiso diario, la firmeza constante por conservar el patrimonio teldense dentro y fuera del Museo aunque se ganase algún enemigo. La lucha en defensa de las artes en cualquiera de sus expresiones y atendiendo a todos los artistas, consagrados o noveles, por igual.

    La vitalidad para poner en práctica nuevos proyectos aún con vientos en contra. La fuerza de su palabra siempre razonada, a pesar de las voces encontradas. La ilusión por el trabajo bien hecho.

    El esfuerzo cotidiano y todo lo que ha conllevado la labor ingente desarrollada, es lo que ha dado un antes y un después a su andadura como Director del Museo, esa gran labor es lo que nos deja D. Antonio como legado de toda una vida. Nada más, pero nada menos.

    Aquellos que hemos coincidido en nuestra vida con su persona, hemos de estar eternamente agradecidos a ese paso del sendero que nos acercó a su conversación lúcida, a su avispada ironía, a su ingenioso humor, su exquisita educación y sobre todo, a su ilustrada tertulia siempre, pues, es imposible no hablar con él más de dos minutos sin que nos cultive en alguna cuestión ignorada.

    Se nos va un grande entre los grandes, que como los que realmente lo son, lleva la humildad implícita en su huella, en esa vida que le ha tocado vivir y en la que nos ha tocado tropezarle. La que le ha llevado más de una vez a aguantarnos como solo él sabe hacerlo, con la elegancia y la sensatez que ningún cargo ni oficio regala.

    Sencillamente admirable, deja el listón alto, muy alto a su sucesor, que francamente y desde ya, estoy completamente segura que nunca será lo que ha sido D. Antonio, no ya para el museo, sino para esta ciudad que le ha visto nacer y que ya nunca más será comparada con Londres y París.  

    Desde estas letras, yo que las suscribo y seguro que quien las lea, le deseamos para su jubilación, toda la suerte que puedan abarcar sus brazos y que su presencia, en cualquier rincón de nuestra ciudad, nos siga regalando emociones y enseñanzas porque, dejará de ser Director, pero nunca dejará de ser prójimo, próximo e irrepetible.

    IRREPETIBLE

    Bate en sus pestañas inquieto, el mar

    sumando la pericia en cada orilla,

    atrayente, su sapiencia arrodilla;

    la brinda cual su olor el azahar.

    Constante como sombra del palmar.

    Su memoria es brotar de la semilla,

    en el tañer del tiempo, como arcilla

    no habrá una cocedura similar.

    Ingente valedor de la cultura.

    Erudito en palabra de elegancia.

    Luz de toda ignorancia en la espesura.

    Espíritu privado de arrogancia.

    Gentileza que esculpe su figura.

    Señor de su prestigio y relevancia.

    Guadalupe Santana Suárez ©

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