• LA RENTA BÁSICA: ¿ NUEVAS LEYES DE POBRES?

    Eugenio Alberto Rodríguez Martín

    Martes, 13 de Febrero de 2018 - 15:20

    La Renta Básica está en boca de todos. De lo que fue una inicial propuesta de grupos alternativos y de izquierda se ha pasado a una medida que ha merecido la atención del mismísimo Foro de Davos. ¿Por qué?.

    La crisis ha dejado a muchas personas en la calle y los servicios sociales de ayuntamientos y autonomías se han visto desbordados por casos de desahucios, pobreza energética, etc., disparando las demandas de gasto social. Mientras, la Comisión Europea nos dice que España tiene una situación crítica en el indicador de desigualdad y se constata que nuestras políticas públicas son la mitad de efectivas que las de otros países a la hora de reducir la desigualdad. Quizás ello sea debido a que en nuestro país tengamos un sistema fiscal que grava de forma confiscatoria a las familias con menos recursos. Batimos el record de recaudación tributaria a la vez que disparamos la brecha entre ricos y pobres.

    Por ello, ya no podemos decir que aumentar el gasto social es una medida de izquierdas. Ya tenemos la experiencia suficiente para dejar de creer que la injusticia se acaba con parches que, además, pagan los pobres.

    Lo mismo podemos decir de la renta básica. No solo no es una utopía que nos llevará a un mundo mejor sino que sigue la senda marcada por un sistema depredador de los pobres y de la naturaleza. Ello lo podemos ver en sus propuestas hermanas pues al hilo de la renta básica se abren paso medidas, como por ejemplo, de dar un complemento salarial a los bajos salarios. Avanza el número de trabajadores pobres y se han sofisticado los mecanismos que permiten bajar los salarios. Los nuevos trabajadores de la economía digital son pobres y precarios. Para ellos se ha hecho el invento del complemento salarial que es un impuesto negativo sobre la renta para completar los salarios reducidos que fue lanzada por el economista americano Milton Friedman, enemigo acérrimo de la equidad distributiva. Al igual que otras propuestas de la Escuela de Chicago, ésta tiene una filosofía y una historia muy concretas. Se ha comprobado empíricamente que en las sociedades que han reducido la desigualdad lo han hecho, no con limosnas, sino con salarios dignos. 

    La propuesta del complemento salarial tiene su origen en el siglo XIX, en el marco de las leyes de pobres británicas. Ante la hambruna de muchas zonas rurales del país, provocada por la proletarización masiva, los magistrados del condado de Speehhanland descartaron la opción de establecer un salario mínimo para los campesinos, y optaron por subsidiar las rentas de las familias jornaleras, cuyos ingresos no fueran suficientes para cubrir las necesidades básicas de alimentación y vivienda hasta un nivel de ingreso mínimo, que variaba según el precio del grano en el mercado en cada momento. El subsidio se financiaba con un impuesto sobre la renta de todos los contribuyentes. Este sistema se extendió rápidamente por el resto de condados rurales británicos, y produjo el nefasto efecto de rebajar los salarios que los empresarios pagaban a sus trabajadores. Aquella medida fue un regalo para la patronal, pues el subsidio consistente en la diferencia entre los bajos salarios y el nivel de ingresos mínimo corría a costa de los contribuyentes. Huelga decir que este sistema tuvo efectos devastadores en la productividad.

    El sistema ha generalizado un empleo con bajos salarios, que reduce la productividad y que ahonda las diferencias sociales mediante la creación de una auténtica legión de trabajos mal pagados y de solicitantes de subsidios. Es el caldo de cultivo perfecto para la implantación de una medida estrella, popular y aplaudida, como la Renta Básica que asegura las provisiones básicas y, por tanto, la tranquilidad social. Pero los ciudadanos seguirán desguarnecidos y con menos defensa ante el sistema.

    La reciente subida del salario mínimo firmada por gobierno, sindicatos y patronal no va a beneficiar a los sectores más desprotegidos que son los trabajadores a tiempo parcial, los autónomos y falsos autónomos y los sumergidos ni tampoco va a tener el efecto de subir los salarios que se pactan en la negociación colectiva. Tampoco hay que lanzar las campanas al vuelo por esta subida cuando está siendo neutralizada por la subida de los precios de los suministros básicos y los impuestos indirectos.

    Por ello, la Renta Básica no deja de ser una propuesta del sistema que no podemos compartir y nos planteamos las siguientes cuestiones para el diálogo:

    1.- Los defensores de la Renta Básica aceptan el mensaje fatalista que dice que la nueva revolución tecnológica hace imposible el pleno empleo. La realidad es la contraria. Lo decisivo es en que manos están y a quien sirven las herramientas tecnológicas.

    2.- Estas medidas sacralizan un sistema inmoral pues éste no se convierte en justo por el solo hecho de poder repartir mientras siga impidiendo el protagonismo y la responsabilidad de todos. 

    3.- Los que hacen números y consideran que existe un colchón financiero que hace posible la Renta Básica podrían dedicar su esfuerzo a calcular lo que costaría el pleno empleo para todos.

    4. Pero lo más importante es el desprecio que late en estas propuestas al trabajo como exigencia de del desarrollo integral de la persona. El sistema nos prefiere con la mano extendida recibiendo el pago mensual antes que protagonizando nuestra vida. Negar el derecho al trabajo no se sustituye por dinero y atenta a la dignidad de quien lo recibe. Es propio de la naturaleza humana trabajar y colaborar en la construcción de la sociedad que convertirse en beneficiario.

    Mucho nos tememos que, de implantarse, estas medidas nos traerán el escenario de las infames "leyes de pobres" del capitalismo salvaje que estigmatizaron a las rentas más bajas. 


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Eugenio A. Rodríguez

Eugenio Alberto Rodríguez Martín. Doctor en Teología y Máster en Doctrina Social de la Iglesia

Eugenio Alberto Rodríguez Martín. Doctor en Teología y Máster en Doctrina Social de la Iglesia

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