• Libre

    Gregorio Viera Vega

    Viernes, 15 de Septiembre de 2017 - 19:14

    La intransigencia nos ha conducido siempre a la negación del otro, no solo por su pensamiento, su libre expresión, su religión, orientación o cultura, su lengua o su civilización, los opresores pertenezcan al grupo que pertenezcan, basan su radicalidad en la negación de otras formas de existencia, fomentando el pensamiento único, cuando además ponen apellido a esta barbarie inculcando el miedo para que vivamos atemorizados y sometidos a esa dictadura que su imperio del terror han construido sin importarles en lo más mínimo el ser humano, sus derechos, su libertad. Por ello, reflexiono desde la libertad más absoluta, libre, sin miedo, porque cuando me miro al espejo se quien se refleja en el mismo.

    A través de mis ojos compruebo la situación que padece la gente que me rodea, lo que sufre lo veo en sus rostros, sus muecas y arrugas me van dirigiendo por esas sensaciones del sufrimiento, la angustia o bien por la alegría y la complacencia sobre sus vidas y los seres queridos que les rodea, las cosas, sus cosas van bien o van mal,  ahí están sus miradas. Cuando me miro al espejo oigo sus rumores, sus quejas, y asiento en muchas ocasiones con esa sensación que te transmiten de que la cosa va mal, o por el contrario va bien, ¡para que quejarse me dicen!, frase que he acuñado como propia en estos días estivales.

    Pero este tiempo de idas y venidas, me ha dado la suficiente fortaleza para gritar que soy un ser libre, libre para reflexionar en voz alta, sin pretender que nadie, absolutamente nadie asuma mi reflexión, ni a favor ni en contra, hay que ser libres hasta para eso. Cada vez que me asomo a la ventana de cualquier medio, para dar mi opinión o reflexionar como lo hago ahora, las hordas mediocres de quienes se sienten ungidos por la libertad y el derecho a difamar acampan a sus anchas por nuestra ciudad. Soy libre, absolutamente libre para reflexionar desde el respeto a la diversidad, vocablo que no está en el diccionario de muchos ajunta letras que tenemos en Telde, y desde ese respeto asumir que no tienen por que estar de acuerdo con esa reflexión, pero al menos respétenla y si quieren argumentar sobre ello, no tengo ningún problema, lo hacemos, pero desde el respecto y la libertad, con cara y nombre, no amparándonos en pseudónimos que por otro lado no contesto, pues la cobardía se ha amparado siempre en el anonimato y la oscuridad.

    Esta primera reflexión del nuevo curso político la quiero hacer como un ser libre, soberano en mis acciones, evidentemente con aciertos y errores, como todo ser humano, pero libre, sin ataduras ni dejarme amedrentar, por aquellos que dicen que nos representan en lo laboral y sin embargo se demuestra que su interés es su interés y no el de Telde. Por aquellos que alimentan la discordia y enfrentamiento desde páginas amarillistas que insultan a la inteligencia de hombres y mujeres teldenses, que no aplauden sus viles comentarios e insultos porque sus argumentos son tan pobres que han quedado en la irrelevancia mediática.

    Porque cada vez más, afortunadamente, la ciudadanía echa fuera de sus vidas a  mediocres que son incapaces de someterse al escrutinio de la sociedad civil, armada de valores y de sentimientos de respeto a la diversidad. Estos malandrines, como dice mi suegra, no merecen siquiera ocupar renglón de reflexión de gente honesta, honrada y humilde, pero tienen que saber que cada vez que no nos respete vamos a estar ahí, denunciando su falta de compromiso con los derechos humanos, exigiendo que se cumpla la ley, con firmeza y rigor, y aquellos y aquellas que no sean capaces de respetar la diferencia que se baje de este mundo porque el que pretende ha pasado, porque somos libres, hasta para reflexionar.., con la pluma del Faycan.

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