• 'Teatro puro teatro'

    Gregorio Viera Vega

    Viernes, 26 de Enero de 2018 - 16:02

    La vida nos va poniendo a cada uno en nuestro sitio, ejemplos miles, pero hoy traigo a colación aquella famosa canción de popularizó la Lupe, con un texto del compositor Puertorriqueño Tito Curte Alonso “Puro Teatro”.

    De pronto nos volvemos selectivos, intentamos dar vueltas a las cosas sin ir al grano, -no pasa nada por elegir libremente-, por rodearse de quienes consideramos los más adecuados en los momentos que vivimos, cuando tenemos que explicarlo mal asunto, no merece la pena la lucha algunas veces intestinas, que no conducen a ningún sitio, es como el viaje a ninguna parte.

    La equidistancia en algunas acciones o posicionamientos personales dan la perspectiva suficiente para discernir cual importante son tus méritos o deméritos. A veces, el miedo a perder posiciones en una sociedad marcadamente competitiva, nos obliga a cerrar filas en un liderazgo dimisionario, que hace de la inacción un valor en alza, cuando en realidad debemos despojarnos de toda mediocridad que nos nuble la vista, el liderazgo es una oportunidad, no oportunismo,  debiera ser la mano que con maestría marcara el rumbo, con valentía, con generosidad, sobre todo con generosidad, pero cuando se transforma en incapacidad, ese liderazgo está condenado al fracaso, como decía Honoré del Balzac “Hay que dejar la vanidad a los que no tienen otra cosa que exhibir”.

    La caja de las vanidades las abren para exhibir su poderío, que denota, la tremenda soledad de quien se cree elegido y ungido por las masas, elevado a las alturas para liderar algún proyecto que está más en la cabeza de quien te empuja, que la tuya propia. Nos dejamos llevar como corcel rompiendo cualquier atisbo de mesura, intentamos explicarnos cual es la situación y porque hemos llegado hasta ahí, nos engañamos haciendo creer que las oportunidades las ofrecemos, cuando en realidad con ellas pagamos los servicios prestados. Mareamos las cosas, es más, no nos atrevemos a llamar a las cosas por su nombre, sin complejos, ese temor a escuchar lo que no queremos escuchar es lo que nos da la coartada para no hacer lo que hay que hacer, para decidir sin rencor y sobre todo con humidad, que no se puede estar en misa y repicando.

    Cuando me posiciono en la mesa, cualquier mesa que sirva de soporte para conversar, para compartir inquietudes, ideales, propuestas, acciones y esa misma mesa se transforma en una vil cascada de despropósitos, donde quienes están llamados a poner cordura, sosiego, están en otro sitio, perdidos en su infinito mundo, en ese preciso momento constato, que esa no es mi mesa o que no es el momento, no se que será peor, si la certeza de que estas  out o la sensación de que me pierdo algo.

    La coherencia debe ser seña de identidad, la línea estratégica de cualquier líder, marcando la diferencia con quienes pretenden desde una posición víctimista relativizar el proyecto, no cabe café para todo el mundo, no es así, hay que ser consecuente con la responsabilidad que se tiene, hay que tomar las decisiones de una vez, sin sectarismos, ni revanchismos, con respeto, sobre todo, no hacer aquello de lo que acusas a tus adversarios.

    Tengo claro que en política no venimos a hacer amigos, si se tercia por un casual, bienvenidos sean, pero se viene por la firme convicción de transformar la sociedad, de mejorar el bienestar de la ciudadanía, sin una animadversión a tus adversarios y menos aún con quienes compartes mesa y mantel.

    Pero en este teatro que es la vida, la adornamos con política, dejando que la comedia en algunos casos y la tragicomedia casi siempre acampen a sus anchas por las organizaciones políticas, que se aprovechan de ella, nunca han dado un palo al agua, siempre hay alguien, sea chófer o asesor que haga tu trabajo y luego se presuma de gestión, es lo que tenemos en esta ciudad, teatro, puro teatro..., con la pluma del Faycan.


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