• Paseando por mi Ciudad, 'Calle Afrodita' (Higuera Canaria)

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    24/11/2017 - 08:33  

    Calle Afrodita (inicio) (Foto Luis López)

    Con el nombre de calle Afrodita, encontramos en el barrio de la Higuera Canaria, un vial que con orientación Sur-Norte se inicia en la Carretera C-320 (Telde-Santa Brígida) y finaliza en la calle Barranco Seco.

    Tiene por el Naciente la calle Minerva y la Plaza Pintor Salvador Santana y por el Poniente la calle Eolo.

    Su longitud es aproximadamente de 390 mts. , de los cuales hay un primer tramo de unos 100 mts. asfaltados y de unos 4,50 mts. de ancho, para luego continuar ascendiendo ladera arriba hasta llegar a la calle Barranco Seco, mediante un estrecho camino de unos 3 metros  de ancho.

    Esta nominación la encontramos por primera vez, en el Censo de Población referido al 31/12/1970, siendo su carácter de “personal e histórico”, por lo cual se ve tipificada en el Capitulo II, Artículos 5º y 6º del vigente Reglamento para la nominación de calles, plazas y lugares de dominio público.

    Forma parte del callejero del Distrito III, Sección II del Censo Municipal de Habitantes de la Ciudad de Telde.

    La diosa Afrodita. (Foto Luis López)

    SINOPSIS DE LA NOMINACIÓN.

    Afrodita o Cipris, es un nombre contenido en la mitología griega, de origen totalmente oriental. Era la diosa del amor carnal y de la belleza o atractivo sexual, equivalente a la Venus de la cultura romana.

    Esta considerada además como la diosa de la felicidad y la fertilidad en la pareja. También se le invocó para la fertilidad de los campos, aunque en algunos puntos de Grecia es considerada como la diosa de los marineros porque se le atribuye a Nereo su crianza, aunque ésta no es la tradición más extendida.

    Según Homero era hija de Zeus y de Dione, pero en otras leyendas se afirma que, como su nombre indica, nació brotando de la espuma del mar al derramarse sobre ella las gotas de sangre de Cronos que provocó a Urano  y ésta es la versión más aceptada. Abordó la isla de Citérea y más tarde Chipre, causa de que a la diosa se le dé el epítelo de Cipris.

    “Las neréidas y tritones y los demás habitantes del mar acudieron presurosos a contemplarla, rodeando su concha nacarada que era carro y cuna a la vez. Entonces, el halago del aire puro, susurro del cielo azul, le arrancó un blando suspiro que repitió estremecido el universo. Las olas empezaron a mecerla dulcemente en caricias sin fin, el aire se hizo más leve y toda la naturaleza pareció regocijarse con la presencia de Afrodita”.

    Vista aérea del sector. (Foto Luis López)

    La admiración que todos sentían por su belleza le permitió llegar al Olimpo transportada en un magnifico carro, llevando consigo las maravillosas excelencias que Feme habría proclamado de ella, los entusiastas deseos de las deidades masculinas, y las envidias y recelos de las diosas, que se sentían en peligro ante la exquisita belleza de la recién llegada.

    En su vida amorosa Afrodita fue la mujer de Hefesto, a quien Zeus le había concedido su mano por haber invitado el rayo con el que mató a los gigantes. Fue un matrimonio convenido, por lo que Afrodita fue infiel a su esposo y tuvo muchos amantes entre los que se mencionan a Ares, Poseidón, Dionisio y con Hermes, de cuya unión nació Hermafrodito.

    No siempre se consideran en las leyendas a Afrodita como una diosa amable, cuando la gente la hacía enojar, no temía demostrar su cólera.

    Aunque mayoritariamente se le representa con grandes dotes de amabilidad, la perfección de su figura y la pureza de sus gestos la revestía con una gracia inocente, que dibujaba en su rostro mediante una tierna sonrisa.

    Calle Afrodita (final) (Foto Luis López)

    “A Pigmalión no le gustaban las mujeres de su pueblo porque eran pecadoras. Hizo una estatua de marfil de una mujer y la cuidaba como si fuera su esposa. Un día le rezó a Afrodita y le pidió una esposa. La diosa en complacencia le dio vida a la estatua y vio como ambos se casaron.”

    Actualmente existen muchas esculturas de la diosa Afrodita por todo el mundo, motivo éste que demuestra el alto límite de su veneración, tanto por las diferentes culturas, como por la trascendencia de la misma en el tiempo.

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