• Calle Arado (El Maipez)

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    24/06/2018 - 06:00  

    Calle Arado (inicio) Foto Luis López

    Con el nombre de calle Arado, encontramos en la Urbanización Industrial El Maipez, del barrio de Jinámar, un vial que orientado de Poniente a Naciente, nace en la calle José Tejera Santana y finaliza en la calle Fernando del Castillo, después de realizar un recorrido de unos 80 metros lineales.

    Tiene por su lado Norte la calle Suiza y éste es un vial carente totalmente de edificaciones, teniendo sólo el uso de comunicación para una serie de industrias que se encuentran en la parte más alta de la zona.

    Este vial aparece por primera vez en el Censo Municipal de Habitantes referido al 31 de enero de 1970, formando parte del Callejero del Distrito III, Sección I del mismo.

    Dado su “carácter genérico”, esta nominación se encuentra tipificada en el Capitulo II, Artículo 7º del vigente Reglamento para la nominación de calles, plazas y lugares de dominio público. <

    SINOPSIS DE LA NOMINACIÓN:

    Arado, es un instrumento agrícola que sirve para labrar la tierra  ya que la rompe, la ablanda y la esponja, dejándola apta para la labor de surcado y plantación.

    El arado tradicional o “arado romano” consta de varias partes: el timón, la cruceta o vertedera y la reja, es ésta última la única que es de metal, ya que las otras son de madera.

    Levantamiento del arado por el Faro de Maspalomas.

    La reja corta horizontalmente la tierra y la vertedera la revuelve y la arroja a ambos lados.

    El arado apareció alrededor de 3.500 años antes de Cristo en las civilizaciones de Oriente Medio. Los pueblos de la Mesopotamia, ubicada entre el Éufrates y el Tigris. Los ríos que fertilizaban  el suelo, permitían a los asirios y caldeos, dedicarse a la agricultura. Fueron los primeros en usar la rueda, y luego se usaron los primeros arados, como lo muestran representaciones artísticas de esa época.

    Los antiquísimos dibujos que se hallaron en forma de pinturas y grabados rupestres son testimonio de que el arado fue uno de los primeros instrumentos usados por el hombre sedentario.

    Los arados manejados por el hombre tomaron el nombre de arado de mancera, que se denominó así, pues tomó el nombre de la esteva que poseía, que era la pieza curva por donde se empuñaba dicho arado.

    Vista aérea del sector.

    Los arados eran de madera primeramente, o formado por una rama de forma adecuada y a tracción humana. A veces se realizaban con ramas en forma de horquillas, tirados por un animal o una persona, para abrir el surco en la tierra. Unos 3000 años antes de Cristo comienzan a emplear bueyes para tirarlos. Los romanos introdujeron el arado con una cuchilla de hierro y lo tiraban bueyes. En la Edad Media, se comenzó a usar el arado de rejas y cuchillas, en los suelos más duros de Europa.

    El arado Rotherham fue construido en Inglaterra en 1730; y su forma triangular hizo más fácil tirar de él, adaptándose mejor para el tiro con caballos. Fue construido por el holandés Joseph Foljambe y marca el comienzo de su fabricación industrial.

    El primer arado construido totalmente de hierro lo realiza el inglés Robert Ransome en el año 1808.

    En Francia un herrero de Aisne, apellidado Fondeur (1825), construye el primer arado metálico con juego delantero.

    En la década de 1830, el herrero estadounidense John Deere inventó la reja de los arados, de acero. Después se inventó el arado de dos ruedas con asiento para el conductor, y más adelante el arado de discos, que apareció en 1847 en Estados Unidos;  y otro que fue recibido con gran éxito en Australia en 1877, construido por John Shearer and Sons.

    Calle Arado (final). Foto Luis López

    Luego con la llegada del tractor, primero a vapor, luego a gasolina y en la actualidad con las más actualizadas tecnologías, se han ido facilitando enormemente las tareas agrícolas.

    Aunque en los países subdesarrollados, no es usado por la mayoría de los trabajadores del agro, pero poco a poco también van apareciendo los avances tecnológicos que logran un mayor rendimiento con un menor esfuerzo, y el correspondiente ahorro de mano de obra.

    Todavía era frecuente ver arados de mancera, como se los denominó a los que se iban empuñando con las manos, en chacras y parcelas chicas, con similares características, hasta en los comienzos del siglo XX, en que vino la mecanización posterior.

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