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    25/02/2018 - 08:40  

    Paseando por mi Ciudad, 'Calle Alfred Nobel' (San José de Las Longueras)

    Calle Alfred Nobel (inicio) (Foto Luis López)

    Paseamos hoy por el barrio de San José de La Longueras, donde vamos en busca de la calle Alfred Nobel, encontrando su inicio en la calle Tasartico, desde donde se proyecta con alineación de Norte a Sur y tras recorrer  unos 140 metros, aproximadamente, va a finalizar al Camino de San José.    

    Tiene al Poniente la calle Tamaragua y al Naciente la calle Tomás Iriarte.

    Esta nominación aparece por primera vez en el Censo Municipal de Habitantes referido al 31 de diciembre de 1975, encontrándose dentro del Distrito III, Sección VII del mismo.

    Tiene esta nominación el carácter de personal e histórico, ajustándose a lo dispuesto en el Capitulo II, Artículos 5º y 6º del vigente Reglamento para la nominación de calles, plazas y lugares de dominio público.

    Esta nominación al igual que otras tantas del sector, siguen las recomendaciones de analogía previstas en la vigente reglamentación al referirse casi en su mayoría a personajes históricos de los siglos XIX y XX.

    SINOPSIS DE LA NOMINACIÓN:

    Alfred Nobel, fue un Ingeniero Químico, inventor e industrial sueco, nacido en Estocolmo el 21 de Octubre de 1833, en el seno de una familia acomodada en la que su padre Emmanuel Nobel, fue también Ingeniero e inventor, constructor de puentes y edificios en Estocolmo.

    No obstante, el acomodamiento familiar se debía a la fortuna de su madre Andrietta Ahlsell, pero que debido a las pérdidas en la construcción, la empresa se declara en quiebra y la familia abandona Estocolmo para emprender una nueva vida primero en Finlandia y luego en Rusia.

    Alfred Nobel. (Foto Luis López)

    Su madre abrió una tienda de ultramarinos que les proporcionaba ingresos modestos, mientras que su padre inicia con total éxito un taller mecánico que proveía a la armada rusa, convenciendo a las autoridades militares de la importancia de los explosivos militares en la armada, convirtiéndose en el pioneros de las armas manufacturadas.

    Gracias a estos éxitos industriales la familia en el año 1842 se traslada a San Petesburgo donde sus hijos recibieron educación con profesores privados sobre ciencias naturales, lenguas y literatura, de tal modo que a los 17 años Alfred Nobel hablaba sueco, ruso, francés, inglés y alemán.

    Aunque inicialmente Alfred Nobel se inclinaba por la literatura y la poesía inglesa, como por la química y física, su padre deseaba agrupar a todos sus hijos en la industria familiar y le envía al extranjero para realizar estudios de ingeniería química. Durante dos años viaja por Suecia, Alemania, Francia y Estados Unidos.

    Vista aérea del sector. (Foto Luis López)

    Trabaja en el laboratorio privado del famoso químico el Profesor T.J. Pelouze en París, donde conoce al químico italiano Ascanio Sobrero, quien había inventado la nitroglicerina, llamando la atención de <i> Alfred Nobel. </i> En Estados Unidos conoce y se interesa por los trabajos de John Ericsson y su propulsión de los barcos mediante hélices, observando allí además en la construcción de carreteras como se empleaban los explosivos para mitigar el esfuerzo humano.

    Con sus conocimientos imprimió a la industria bélica de los Nobel un poderoso impulso, pero la paz cambió el rumbo de su vida y regresaron a Suecia, donde continúa trabajando e investigando en la consecución de un explosivo más manejable que la nitroglicerina, consiguiendo en el año 1865 abrir sucursales de su industria de fuertes explosivos en Noruega, Finlandia y Alemania, alcanzando la utilización industrial de la nitroglicerina una gran difusión.

    No obstante, el transporte de la nitroglicerina seguía constituyendo un gran problema por los numerosos accidentes que se producían en su manipulación, y buscando la solución a este problema lo consigue en el año 1872, tas solidificarla con una arcilla especial, creando así la dinamita.

    En ese mismo año junto a industriales y banqueros de diversas nacionalidades funda la Sociedad Anónima Española de la Dinamita (Privilegios Nobel), que posteriormente en el año 1896 daría lugar a la Unión Española de Explosivos, la cual tras sus fructíferos inicios expande por todo el territorio español con un alto grado de integración de sus procesos productivos.

    Calle Alfred Nobel (final). (Foto Luis López)

    En el año 1875 gelatinizó la nitroglicerina por absorción en nitrocelulosa, creando así la dinamita de goma, más manejable que la anterior. Finalmente, en 1881 construyó un laboratorio en Saint-Sevran, cerca de París, desde donde seis años más tarde patenta una pólvora sin humo a la que puso el nombre de “balistita”. Así fue como el científico sueco se convirtió en factor inspirador del desarrollo de la industria bélica de su país, a la vez que activo abanderado del movimiento por la paz.

    Fue un hombre taciturno, solitario e impopular a quien algunos consideran contradictorio. De él se ha escrito que unas veces actuaba como alguien que sentía aversión por sus semejantes, mientras que en otras realizaba acciones que demostraban amor al género humano. Una consideración que podría encontrar su explicación en que el creador de los explosivos fuera al tiempo un apersona desprendida que llegó a convertirse, después de su muerte, en vocero imperecedero de la paz entre los pueblos y en precursor del desarrollo cultural y científico de la humanidad.

    Defraudado por la amarga realidad de no haber logrado en vida reducir los efectos destructivos de una guerra de trascendencia universal, estableció en su testamento, escrito de puño y letra en París el 27 de noviembre de 1895, las directrices de la Fundación Nobel, a la que lega su fortuna de 9.200.000 dólares, encargada desde 1901 del financiamiento de los premios que se otorgan anualmente a los mejores exponentes en la Literatura, Medicina, Física, Química y la Paz.

    Se encontraba en su hogar de San Remo (Italia), cuando el día 10 de diciembre de 1896 un ataque cardíaco le causa la muerte, contando 63 años de vida. 

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