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    10/06/2018 - 06:59  

    Calle Antonio Ruiz de Padrón (Cruz de la Gallina)

    Calle Antonio Ruiz de Padrón (inicio). Foto Luis López

    Con el nombre de Calle Antonio Ruiz de Padrón, tenemos un vial en la Urbanización Industrial de Cruz de la Gallina, el cual con orientación Sur-Norte, se inicia en la calle Fernando Llarena y Franchy, para finalizar en la calle General Bravo, tras un recorrido de unos 80 metros lineales.

    Tiene paralela al Poniente la Carretera C-812 que va desde Las Palmas GC al Puerto de Mogán, en su tramo de Jinámar al Casco Urbano de Telde.

    Esta nominación fue aprobada por el Ayuntamiento Pleno en sesión celebrada el día 29 de Enero de 1996, siendo el carácter de la misma “personal e histórico”, con lo cual se encuentra tipificada en el Capitulo II, Artículos 5º y 6º del vigente Reglamento para la nominación de calles, plazas y lugares de dominio público.

    Aunque el lugar de la ubicación de este vial es la Urbanización Industrial Cruz de la Gallina, en la cual no existen edificaciones destinadas a viviendas, forma parte del Callejero del Distrito III, Sección V del Censo Municipal de Habitantes, dado que en éste se contempla además el Censo de Edificios (Locales y Viviendas).

    SINOPSIS DE LA NOMINACIÓN:

    Antonio Ruiz de Padrón, nació en San Sebastián (La Gomera) el 9 de noviembre de 1757.

    Desde niño mostró gran entusiasmo e interés por los estudios básicos de latín y humanidades de la mano de su Párroco en su tierra natal. Una vez agotados estos recursos se traslada muy joven aún, a Tenerife albergándose en  el convento de San Miguel de La Laguna, donde cursa los estudios mayores e ingresando en la Orden.

    Rvdo. Antonio Ruiz de Padrón. Foto Luis López

    Termina de asumir toda la docencia teológica y humanística que en Santa Cruz de Tenerife se podía dar en aquellos tiempos y a petición de un tío suyo, también religioso, se embarca para La Habana, pero una tormenta hace naufragar el barco frente a las costas de Pensilvania, salvándose milagrosamente en el naufragio.

    De allí se traslada a Filadelfia, donde está asentadas muchas familias católicas, en poco tiempo su fama de orador y predicador se hace patente, ganándose el afecto y admiración de los feligreses. Por aquellos tiempos conoce a Franklin, quien le invita a las tertulias que celebraba en su casa con los mejores pensadores del momento, entre ellos el joven canario destaca sobremanera siendo admirado y consultado por todos.

    Fue invitado por ello a predicar en todas las parroquias  de Maryland y Baltimore, aprovechando su fama para organizar una congregación para solicitar el Obispado en la república norteamericana que diera cohesión y unidad a los católicos de aquel país. El Papa Pío VI aprueba la idea y nombra vicario apostólico al señor Carrol.

    Vista aérea del sector. Foto Luis López

    Posteriormente viaja a La Habana, pero allí no encuentra reflejo para su oratoria y decide regresar a Europa, donde recorre varios países en los que estudia el estado cultural de sus sociedades.

    En el año 1810 volvió a España y fija su residencia en Galicia, habiendo obtenido la secularización que le arrancaba de la penosa servidumbre de la celda. Recibe el nombramiento de Diputado a Cortes, que las agradecidas islas de Lanzarote, Fuerteventura, Hierro y Gomera le enviaban como un recuerdo de su merecido renombre, cosa que acepta sin vacilar y se dirige a Cádiz tomando asiento en el Congreso el 13 de diciembre de 1811.

    Estaba en esos momentos situado en el sitio ideal para esgrimir sus teorías y arrasar con su retórica, que rompía contra las viejas concepciones arrastradas desde la época de la Reconquista atadas como cadenas al  carro de los reyes y sus sacerdotes.

    Ejerció su legislatura con total autoridad, imponiendo sus ideas en una dialéctica refinada y concienzuda, pletórica de sabiduría teologal y humanística, cuyas intervenciones se editaron públicamente a modo doctrinal.

    Calle Antonio Ruiz de Padrón (final). Foto Luis López

    Sus dictámenes presentados en las Cortes sobre el Tribunal de la Inquisición, consiguió la abolición de dicho tribunal, corriendo el riesgo de que en caso de no lograrlo, sería víctima de éste, pero a finales del año 1820 la vida de aquel acabó en la historia del país.

    Antonio Ruiz de Padrón, volvió a ejercer otro período de regencia como Diputado con la misma representación, junto a otros tantos como José Gordillo y Ramos por Gran Canaria, Santiago Key y Muñoz por Tenerife y Fernando Llarena y Franchy por La Palma.

    Años más tarde se retira del mundo de la política y se viene a vivir a Las Palmas de GC, donde escribe sus memorias hasta el día que le sorprende la muerte... “su amada señora”.

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